En medio de las obras de construcción y revitalización del área donde operará la nueva galería campesina de Palmira, los vendedores continúan con sus labores. Resisten y se adaptan, “Duele moverse, pero peor sería quedarse igual”, expresan convencidos de que la nueva galería dará más seguridad y armonía a este sector céntrico de la ciudad, ubicado en la Comuna siete. “Es una deuda histórica con los comerciantes”, expresó el alcalde, Victor Ramos.
El mercado no despertó… ¡ya estaba despierto! Antes de que el sol terminara de subir, el sonido de una retroexcavadora rompió la rutina de los pregones y anunció que algo distinto estaba ocurriendo en el sector de Las Delicias. El golpe del metal contra el suelo se mezcló con el olor del café recién colado y el vapor tibio de las ollas del desayuno.
Don Guillermo Ramos llegó como siempre, acompañado de su esposa Isaura Ríos, residentes del Barrio Nuevo. Cargaban bolsas vacías y una lista arrugada en el bolsillo. Venían a mercar, pero también a observar. Caminaron más despacio. El mercado, ese lugar que conocían de memoria, había cambiado el orden de sus pasos. “Por aquí era la carnicería, dijo ella, señalando una valla metálica”. Miraban las máquinas con asombro. Con emoción, la pareja expresó que llevan más de 40 años de casados y que visitan la galería tres veces por semana, los martes, jueves y sábados. “Nos parece muy bien lo que está haciendo el alcalde. Es maravilloso, porque vamos a tener más seguridad, más comodidad para encontrar los productos y un lugar digno. Estamos muy contentos de ver el cambio que está haciendo el alcalde de Palmira; se ven las obras y las inversiones que la ciudad necesita”, afirmaron.
_*Comerciantes que resisten y se adaptan*_
Los comerciantes y campesinos iniciaban la jornada acomodándose en espacios provisionales, más estrechos y ruidosos. Algunos lo hacían en silencio; otros hablaban para espantar la nostalgia.
“Aquí trabajó mi papá y antes mi abuelo”, contó doña Martha Irene Arboleda Arce, campesina de la vereda Gualanday, corregimiento Ayacucho–La Buitrera, frutera desde hace más de 50 años, mientras alineaba verduras y frutas sobre una mesa prestada. “Duele moverse, pero peor sería quedarse igual”.
Recordó que vende desde la época de sus padres y suegros cuando, incluso, debían defender su derecho a trabajar en las calles. “Gracias a Dios hoy todo es diferente. Vendimos muy bien, ya se acabaron mis productos. Le doy las gracias al alcalde Víctor Ramos. Los campesinos estamos bien y la galería va a quedar muy bonita con la transformación. Ya están desmontando todo para arreglar nuestro sitio de trabajo”, expresó con gratitud.
Doña Gloria, vendedora de hierbas, sacudía el polvo de sus canastas mientras observaba la obra.
“El ruido cansa, pero también anima. Eso quiere decir que sí va a pasar algo”, dijo.También agradeció a la administración municipal: “Lo que se está haciendo es maravilloso. La galería estaba llena de huecos y ya todo lo están desbaratando para arreglarla. Gracias, señor alcalde”.
El respaldo institucional
Mientras los compradores buscaban sitios para comprar y se reencontraban en los pasillos improvisados, la obra avanzaba con el respaldo de la administración municipal y departamental.
El alcalde de Palmira Víctor Ramos, ha insistido en que esta intervención es una deuda histórica con los comerciantes y una forma de dignificar un oficio que sostiene la economía popular desde hace décadas.
Por su parte, la gobernadora Dilian Francisca Toro ha señalado que la Gran Plaza de Mercado no es solo una obra de infraestructura, sino una apuesta social y económica para la región, pensada para mejorar las condiciones de trabajo sin borrar la identidad del mercado. El mensaje es claro: el mercado no se cierra, se transforma.
Clientes que entienden el proceso
Entre cajas de tomate y bultos de papa, los compradores preguntaban más de lo habitual. Se perdían, regresaban y volvían a preguntar.
“Uno se pierde, pero entiende. Este mercado ya pedía ayuda”, comentó Don Efrén Troches Salazar, cliente de toda la vida, junto a Gabriel Gutiérrez.
Don Efrén destacó que la nueva plaza será elegante y muy buena para la ciudad. Por su parte, Carlos Humberto señaló que el traslado transitorio del mercado campesino está bien organizado y resaltó la gestión del alcalde: “Ha hecho muchas cosas buenas desde el inicio de su mandato. Vi la maqueta y esta galería va a quedar muy hermosa”.
María Inés Cardona, del barrio Los Sauces, quien hacía mercado con su hijo James Alexander, expresó: “Ojalá quede bonito, pero que siga siendo del pueblo”.
“Cada ocho días venimos sagradamente a la galería. Hoy encontramos que la están transformando y esperamos poder mercar en un sitio hermoso”, agregó.
Guillermo León Salinas, psicólogo y cliente del mercado campesino desde hace 48 años, valoró positivamente la reubicación: “Está muy organizada. La nueva galería será más cómoda y traerá renovación urbana, seguridad y proyectos alrededor de este sector”.
Voces entre el polvo y la esperanza
El polvo se levanta con cada movimiento de tierra, pero los vendedores limpian y siguen atendiendo.
“Esto es aguantar un poco. Aquí nadie se rinde fácil”, dijo un carnicero mientras afilaba su cuchillo.
Un joven comerciante, heredero del puesto familiar, observaba con paciencia:
“Este mercado nos enseñó a trabajar. Ahora nos está enseñando a esperar; es más que un lugar para vender.
Entre el ruido también circula la idea de un mercado distinto: más ordenado, más limpio, con espacios para el descanso y una guardería infantil incluida en el diseño de la nueva Plaza de Mercado. Un proyecto pensado para que los comerciantes trabajen con la tranquilidad de saber que sus hijos estarán cuidados, seguros y cerca.
“Eso sí sería un cambio de verdad”, comentó una vendedora en voz baja.
Al mediodía, el mercado seguía lleno. No era un sábado cualquiera, pero tampoco dejó de serlo. La gente compraba, los vendedores vendían y las máquinas continuaban trabajando.
El mercado no se cerró. Se movió, se incomodó, se adaptó. Y entre el polvo, el ruido y la espera, comenzó a aprender que el cambio también puede ser una forma de permanecer.



